Luces y sombras de las torres exentas. Reminiscencias cercanas del México Colonial

Este 2019 se cumplirán quinientos años de la masiva llegada de los primeros españoles a México, razón más que justificada para pensar nuestra historia a partir del mismo hecho. Lejos de intentar juzgar sus consecuencias prefiero referirme particularmente a uno de los miles de elementos que fueron implantados en la cosmovisión de nuestra patria, resultado de la aculturación en que se vio inmersa: las torres exentas, también conocidas como torres aisladas.

Cuando se habla de este encuentro es imposible disociarle del concepto que algunos estudiosos llaman la cultura de contacto, cultura de conquista. Resulta innegable el admitir que la “evangelización”, hecho capital de este periodo histórico, se realizó con la cruz pero también con la espada.

Dicho proceso cultural utilizó múltiples recursos accesorios, todos llenos de profundos simbolismos. Estrictamente visto desde una perspectiva histórica, afortunadamente algunos de esos elementos, arquitectónicos en este caso, siguen en pie hasta nuestros días, esperando que los mexicanos de hoy les dimensionen en su justa medida, reconociéndoles como parte fundacional de lo que somos como nación. Es el caso de las torres aisladas o exentas, tan comunes a los pobladores de las sierras norte y nororiental poblanas. Hueyapan, Cuetzalan, Nauzontla, Zapotitlán, Pahuatlán, entre otros lugares, son buen ejemplo de ello.

Por sí misma, la torre como elemento arquitectónico atesora una historia milenaria, llena de simbolismos; posee un carácter ascensional, pues ha pretendido alcanzar el cielo; su presencia es sinónimo de desafío, con su capacidad de irradiar claramente se manifiesta como un emblema de poder; representa virilidad, su verticalidad por excelencia es equilibrio “generador de vida”; en fin, la torre es espacio de luces y de sombras.

La evangelización tuvo como consecuencia una fiebre constructiva realizada fundamentalmente por las órdenes mendicantes: franciscanos primero, dominicos y agustinos después. Dentro de nuestro territorio fueron los franciscanos quienes establecieron monasterios en los principales núcleos de población y canalizaron sus fundaciones hacia los actuales estados de Tlaxcala y Puebla, y partes de Hidalgo y Morelos.

Las torres exentas merecen especial atención por no pocas razones. Son contados los ejemplos de tipo religioso y mucho menos los de tipo civil, ya que este elemento no fue muy usado en la arquitectura del siglo XVI, pues se dio preferencia a las espadañas para colocar las campanas; porque estuvieron inspiradas en los campaniles medievales; porque fue la mano de obra indígena el elemento primordial para su edificación; porque tuvo diversos usos como torre de vigía,  picota y campanario. Con tiranteces de tal tipo, es casi un milagro que algunas sigan en pie.

La historia registra que los romanos ya empleaban los términos: “turris” y “burgus” para referirse a las torres aisladas, construidas para vigilar  la frontera de su “imperio”. En el México colonial, podemos hacer mención de dos ejemplos con similar fin:  El “Rollo de Cortés” erigido en 1540, ubicado en Tlaquiltenango, Morelos, con la finalidad de vigilar caballos y sus crías, propiedad del conquistador; y  el “Rollo de Tepeaca” fehaciente símbolo de la corona española, atribuida a Fray Sebastián de Trasierra quien la iniciara en 1559, utilizada para leer los edictos y decretos reales, que desde un principio tuvo el carácter de picota, lugar donde se castigaba fuertemente a los naturales.

Las torres exentas novohispanas presentan clara influencia mudéjar, compartiendo elementos con los alminares de origen musulmán e hispanoárabe, principalmente en el manejo de sus volúmenes, es decir, elementos de formas cúbicas, prismáticas, con superficies planas, sin decoraciones; logrando una sobria limpieza geométrica.

Pero hablemos de más ejemplos, todos cercanos a nosotros. Los misioneros franciscanos construyeron en el año de 1539 el primer templo de Atzalan, Veracruz, donde luego hubo presencia de frailes mercedarios; ahí puede apreciarse la magnífica torre exenta del ex – convento.

Torre exenta de look antiguo, en Atzalan, Veracruz
Ex convento franciscano de Atzalan, Veracruz. D.A.R.

Fue 1567 cuando los franciscanos dejaron sus conventos y visitas de Tlatlauquitepec (fundada en 1531), junto con Hueytlalpan, Ixtacamaxtitlán y Jalacingo, que pasaron a depender de la diócesis de Puebla. También en Ixtacamaxtitlán existe otra estupenda torre exenta, digna de conocerse.

Aunque hoy ya no está en pie, el pueblo de Santa María Teziutlán también tuvo una magnífica torre exenta. Don Manuel Diego Bocarando, nuestro párroco en la segunda mitad del siglo XVIII, fue quien el 12 de agosto de 1749 principió su construcción, que serviría como campanario de la parroquia durante casi ciento treinta y tres años.

En antiguos registros se lee: “medía este edificio 42 varas de altura (casi 35 mts) y 32 varas cuadradas de espesor en su base (más de 26 mts), muy sólida construcción…” Se ubicaba en la esquina que hoy forman la Avenida Hidalgo y la calle Allende.

Torre exenta en Teziutlán, Puebla
Vista antigua, parroquia de Teziutlán, Puebla. Se aprecia la torre exenta.

“La demolición de la antigua torre de la parroquia de esta ciudad se comenzó el día 9 de octubre de 1882 y se terminó el derribo el 4 de diciembre del mismo año…” Dicho trabajo fue realizado por “9 barreteros, traídos de las minas de Tetela de Ocampo; importando este trabajo la cantidad de quinientos dieciocho pesos y cincuenta y dos centavos…”. “Después de haber quitado el escombro de dicha torre, se procedió en el mes de junio de 1883 a calzar de piedra la calle de Reforma (la actual avenida Juárez entre las calles de León Guzmán y Allende), teniendo ésta, 14.28 metros cuadrados de calzada…”

Teziutlán desde su fundación en 1552, tan solo 32 años después de la caída de México – Tenochtitlan, se constituyó como puerto de montaña, un centro político, religioso, y judicial para buena parte de la región serrano costeña. Como referencia, un “plano yconographico” de 1791, resguardado en el Archivo General de la Nación, consigna al terruño como “cabecera de parroquia” de su mismo partido con jurisdicción sobre otros siete pueblos: Xiutetelco, Mexcalcuautla, San Sebastián, Chignautla, San Juan Acateno, Atempan y Atoluca.

Al menos en dos de éstos, Xiutetelco uno de los cuatro señoríos que, agrupados conformaron la población y territorio primigenios de Teziutlán; y Atempan, se resguardan tres ejemplos de maravillosas torres exentas. En Xiutetelco, el antiguo campanario de la parroquia de San Juan, y en Atempan, la torre de la parroquia de San Francisco y la torre del templo del Divino Rostro, en Tezhuatepec.

Torre exenta en San Juan Xiutetelco, Puebla
Campanario y ejemplo de torre exenta, San Juan Xiutetelco, Puebla. D.A.R.
Tomas aéreas de la torre exenta de San Juan Xiutetelco, que se posa sobre una base piramidal.
Torre exenta en Atempan, Puebla
Parroquia, Atempan, Puebla. Se admira su torre exenta a la derecha. D.A.R.

Hay muchas más torres de este tipo. Teziutlán permite apreciar otros dos ejemplos, uno ubicado en la comunidad de San Diego Acuaco, al norte unos seis kilómetros, donde a principios del siglo XX, sus habitantes se caracterizaban por estar dedicados a la arriería.

Torre exenta en San Diego, Teziutlán, Puebla
Torre exenta de San Diego Acuaco, Teziutlán, Puebla. D.A.R.

Y el otro, en la pequeña pero muy antigua comunidad de San Juan Tezongo. Los archivos registran que Don José Antonio Toledano fungiendo como cura de Teziutlán, fue quien el 13 de septiembre de 1858, solicitó al obispado angelopolitano las licencias para bendecir dicha capilla. En el informe previo, solicitado por la curia al vicario de Tlatlauqui, Don Carlos Vargas Moreno, este apuntó: “…San Juan Tezongo tiene más de 100 años de haber sido edificada…”.

Torre exenta en San Juan Tezongo, Puebla
San Juan Tezongo, Teziutlán, Puebla. J. R. H. J. 2010.

El 29 de julio de 1908, Chignautla se erigió en parroquia, dejando de pertenecer a la doctrina de Teziutlán, dándosele jurisdicción sobre los pueblos de Coahuixco, Xoloateno y Tezongo.

La otra joya de la región, la Esmeralda de la Sierra, Altotonga, también tuvo la fortuna de contar con una torre exenta. Pero como en el caso de Teziutlán, fue demolida.

Torre exenta en Altotonga, Veracruz
Torre exenta en Altotonga, Veracruz. Cortesía de Julio César Ortiz Rubio

Desde mi particular perspectiva, pensándoles como factores identitarios y parte primordial de nuestro patrimonio histórico, considero enriquecedor y conveniente el conocerles, apreciarles y difundirles; sirvan estas líneas a ese fin.

José Ruperto Hernández Juárez.

Febrero 21, 2019.

Teziutlán, Puebla. México.

Bibliografía Consultada:

  • Dib y Álvarez, María de los Dolores. “Arte, Arquitectura y Urbanismo Virreinal. Región Puebla – Tlaxcala”. Julio 2016.
  • Foster M. George. “Cultura y Conquista. La herencia española de América”. Editorial UV.  Xalapa, México. 1985.
  • Hernández Juárez, José Ruperto. “Breve Relación Histórica de la Doctrina de Santa María Teziutlán”. Teziutlán del Carmen, Puebla. Junio 2010.
  • Rico Castillo, Roberto. “Historia de la Catedral Teziuteca, en el cincuentenario de su consagración. Primera Parte”. Ediciones Teziutlán del 15 de Marzo. Teziutlán, Puebla, México. 1989.
  • “Manuel Toussaint. Su proyección en la historia del arte mexicano”. s/a. UNAM. Instituto de Investigaciones Estéticas. México, 1992.



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José R. Hernández
Autor at FotoMedia
Historiador regional. Sierra norte de Puebla y altas montañas de Veracruz. Teziutlán es mi objeto de estudio.

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