El paso de “Nuestro Padre Jesús” sobre los coloridos tapetes de aserrín en Jalacingo, Veracruz

Cada 6 de agosto se lleva a cabo en Jalacingo una tradición que ha ido adquiriendo una gran notoriedad por dos factores principales: El primero de ellos es la creación por parte de los vecinos de este pueblo, de coloridos tapetes hechos a base de aserrín y arena que engalanan a las calles de este municipio veracruzano. El segundo es el motivo de confección de dichos tapetes: la procesión de “Nuestro Padre Jesús”, imagen venerada no sólo por lo oriundos, sino por una gran cantidad de personas que hacen el viaje desde diferentes latitudes de la República Mexicana.

Si bien la tradición no es precisamente centenaria, y abreva de otras parecidas, como la de las bien conocidas alfombras decorativas de Huamantla, Tlaxcala, o de Xico, Veracruz, no es ese motivo para restarle importancia, especialmente a la luz del número de visitantes que reúne; la devoción de estos hacia la imagen del Padre Jesús, y el esfuerzo creativo, físico y económico que los vecinos hacen en la confección de tan espectaculares obras arte.

Muy al estilo de la fiesta huamantleca, los habitantes comienzan la elaboración de los tapetes durante la noche que antecede a la procesión del Padre Jesús. La meticulosidad y cuidado puestos hacen entender a quienes admiramos estas obras terminadas, la razón por la que sus creadores pasan en vela la noche, llegando incluso a usar buena parte del día a terminar sus creaciones, debido a lo complejo de algunos patrones y diseños.

Como todo patrono y/o santo, la veneración al Padre Jesús obedece a los milagros que ha obrado hacia sus agremiados, quienes en agradecimiento lo visitan, engalanan y acompañan año con año. Al respecto, me permito citar algunos renglones de un breve texto escrito por Ruth Vargas, quien nos cuenta (a tráves de la anécdota de un señor Rufino) que el Padre Jesús estaba destinado a ser santo de otro pueblo, no de Jalacingo:

hace mucho tiempo, cuando no había coches ni camiones y sólo había caballos, cuerdas y madera para transportar cosas de un lugar a otro, la imagen que viste en la iglesia, la que representa al padre Jesús, había sido hecha para ser el santo de otro pueblo, no de Jalacingo. Así que había que transportarlo del pueblo donde habían hecho la imagen hasta la iglesia en la que estaría.

Pero como los viajes en ese tiempo llevaban días, los viajantes dormían en los pueblitos que se iban encontrando en el camino. Uno de esos pueblos fue Jalacingo. Aquí llegó el padre Jesús de pasada y no sé qué vio en este pueblo, pero aquí decidió quedarse. Al otro día de su arribo se vino una tormenta horrible, llovía a cántaros, así que no pudieron continuar el viaje.

Pasó así una semana, los viajantes creían que nunca se quitaría la lluvia y comenzaron a creer que tendrían que dejar aquí la imagen del padre Jesús. Hasta que, al otro día, salió el sol. Comenzaron el camino, pero algo sucedió que los hizo regresar a Jalacingo. Descansaron un día más; a la mañana siguiente continuarían el viaje. Amaneció, pero al intentar cargar la imagen, ésta se puso tan pesada que incluso con cinco personas fue imposible cargarla.

Durmieron otra vez aquí; al otro día junto a la estatua del padre Jesús apareció una nota escrita por él mismo que decía que quería permanecer aquí, en Jalacingo. Así que como no podían ir en contra de sus deseos, el padre Jesús se quedó aquí en el pueblo y desde ese momento cada milagro que se le pide, si es merecido, lo cumple.

Más allá de la veracidad de la historia de don Rufino, hecha llegar a nosotros por Ruth, de lo que no queda duda es que la imagen (y significado) del Padre Jesús es reconocido a lo largo y ancho de esta región.

Así pues, y debido a que este es un espacio para la fotografía, raro sería no compartir algunas de las que pude capturar en esta última celebración, la que por cierto se inicia cuando se lleva la imagen al frente del palacio municipal, con el fin de indultar a dos o tres presos (quienes dicen los malpensados, son los mismos que se liberan año con año, por aquella cuestión de la reincidencia).

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Posteriormente, la procesión se encamina sobre todas las alfombras del pueblo, que circundan el centro histórico del mismo, y que puede tomar entre 60 y 120 minutos. A continuación, algunas imágenes de los tapetes antes de la procesión:

Como se aprecia, algunos de los tapetes son más elaborados, o tienen patrones y diseños más complejos que otros. Esto ocurre porque los vecinos de cada cuadra se ponen de acuerdo en cuanto a las características del tapete; se reparten las tareas y ponen manos a la obra. En esto se va toda la noche y parte del día, con el único objeto de que el Padre Jesús y sus feligreses lleven a cabo la procesión, de la que pude también hacer algunas tomas:

Se aprecia la enorme cantidad de personas que acompañan a este procesión, y que se ha calculado, según algunas personas originarias de Jalacingo, en los 30 a 40 mil individuos. Esta cifra aumenta durante los días siguientes, en los que se llevan a cabo más festividades y se coloca la feria anual.

Sin duda una tradición digna de vivirse por lo devoción de los fieles hacia su santo y, desde luego, por la complejidad y hermosura de los tapetes que en su honor se crean. Y por si eso no fuera suficiente, también es posible llevarse las macetas que flanquean a las alfombras, un añadido a tener en cuenta debido a la belleza de las flores de la región.

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