La villa de Guadalupe de la ciudad de México

Para muchos, la villa de Guadalupe, lugar donde se encuentra la —me atrevo a afirmar— mundialmente conocida Basílica del mismo nombre, no es más que una estructura de amplias dimensiones destinada a rendir culto a la virgen de Guadalupe.

Yo mismo pensaba en ello, sin embargo, al visitarla, pude comprobar —para mi gran sorpresa y mayor agrado—, que la multicitada Villa se compone de mucho más que la moderna estructura que normalmente podemos ver a través de la televisión, y que recibe unos veinte millones de visitantes anualmente, nueve de los cuales acuden a dicho centro religioso el 12 de diciembre o en los días cercanos a esa fecha.

Además de la basílica “nueva” (que se inauguró en 1976) existe todo un conjunto de edificios religiosos que tienen un gran valor histórico y arquitectónico. Tales estructuras son: el Templo expiatorio a Cristo Rey (que es la antigua basílica), el templo y Convento de las Capuchinas (a un costado de la antigua basílica), la Antigua Parroquia de Indios, la Capilla del Pocito, la Iglesia del Cerrito y el Cementerio del Tepeyac.

Por lo anterior, y para tratar de disipar el error de muchos que, como yo, creían o creen que la Villa consiste de una única estructura, es que me di a la tarea de buscar un poco de información respecto a los edificios que conforman este rico conjunto arquitectónico, la que en su mayor parte pudo encontrarse en el sitio web de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe (nombre oficial de la Basílica), y que presento a continuación:

Templo expiatorio a Cristo Rey (Antigua Basílica de Santa María de Guadalupe)

Este edificio, el cuarto levantado en honor a Santa María de Guadalupe, fue consagrado el 1 de mayo de 1709. El arquitecto Pedro de Arrieta colocó en cada una de las puertas un relieve con una de las apariciones a Juan Diego y las imágenes de apóstoles y profetas.

Las cuatro torres, la cúpula y el arco poligonal sobre la puerta principal, se colocaron para así poder relacionar este templo, de manera simbólica, con el Templo de Salomón en la ciudad de Jerusalén, que seguía estas mismas formas según la escritura. Con ello se pretendía mostrar que la Nueva España era, también, un territorio sacralizado, escogido por la Madre del Señor.

En 1904, en reconocimiento a la devoción de los fieles, el templo adquirió la categoría de Basílica, palabra que proviene del griego y significa “casa regia”.

Las columnas que en la parte interior sostienen la cúpula permanecen rodeadas de concreto para fortalecer la estructura, dañada por las condiciones del subsuelo que al ser tan fangoso, ha producido un hundimiento desigual.

Cerrada por cuestiones de conservación desde 1976, fue reabierta al culto el 5 de mayo de 2000 con motivo del 2º Congreso Eucarístico Nacional, ocasión en la que, por decreto del Arzobispo de México Norberto Rivera, se convirtió en templo expiatorio, es decir, casa de oración donde de manera permanente está expuesto el santísimo Sacramento para expiación de pecados.

Iglesia y convento de las madres capuchinas

La iglesia y el convento de las madres capuchinas, rama femenina de los frailes franciscanos, fueron construidos en 1787 por el arquitecto Ignacio Castera.

El templo, como todas las construcciones de su tipo, tiene la puerta de acceso paralela a la calle, es decir, no frente al altar mayor, pues así se facilitaba que las monjas asistieran a misa sin romper con su voto de clausura, aquél con el que juraban no salir a la calle una vez que habían consagrado su vida a Cristo.

La decoración de la fachada o portada es bastante sencilla, sobresaliendo el juego de colores entre el tezontle rojo y el gris de la cantera. El convento, que se extiende hacia el lado norte, ha sufrido muchos daños a lo largo del tiempo por las características propias del terreno, al igual que la antigua basílica.

El edificio de las madres capuchinas fue ocupado como cuartel y hospital después de que las leyes de Reforma, establecidas a mediados del siglo XIX, les prohibieran permanecer en este sitio.

Algunos años más tarde, la iglesia volvió a culto, pero como se había inclinado peligrosamente, fue cerrada en los años 70 para su renivelación (primer caso mundial), reabriéndose en 1996.

Parroquia de Indios

Esta ermita es el edificio más antiguo que se conserva en todo el recinto. Fue construida alrededor del año 1649 por deseo de Luis Lasso de la Vega, vicario de Guadalupe, famoso por ser quien, por primera vez, diera a las imprentas el Nican Mopohua, la narración náhuatl de las apariciones de la Virgen de Guadalupe escrita por Antonio Valeriano.

Se le conoce como “de indios” pues aquí es el lugar donde según la tradición vivió Juan Diego sus últimos años, y donde también se estableció una cofradía de indígenas en 1679.

Durante algunos años del siglo XX y después de haber albergado al ayate de Juan Diego (1695-1709) y al estandarte con el que el cura Hidalgo inició la guerra de Independencia (1853-1896), permaneció sin una techumbre que cubriera su interior de las inclemencias del tiempo.

Gracias a la labor de un grupo de sacerdotes, se logró restaurar en 1998, año del 450 aniversario de la muerte de Juan Diego.

En la sacristía ubicada del lado derecho del altar, es posible ver parte de los cimientos de las dos primeras ermitas construidas en el Tepeyac para cumplir el deseo de la Virgen de Guadalupe: aquella levantada por el obispo Zumárraga en 1531 y la del obispo Montúfar en 1556.

La tercera iglesia dedicada a la Virgen, conocida como “la del artesonado” por su techo de madera ricamente decorado y de la que ya no queda resto alguno, fue levantada alrededor de 1622 en el lugar que hoy ocupa el antiguo convento de las madres Capuchinas.

Capilla del Pocito

En las faldas del cerro del Tepeyac brotó un manantial. La gente lo consideró desde siempre una señal inequívoca del lugar exacto en donde Juan Diego había hablado con la Virgen. La fama corrió como el agua del mismo manantial: pronto se convirtió en un foco de infecciones pues la gente bebía y se lavaba heridas en el mismo sitio.

Para contrarrestar este problema se le cubrió con una techumbre que al paso de los años resultó insuficiente. Por ello, el arquitecto Francisco de Guerrero y Torres levantó una iglesia alrededor del pozo años más tarde.

Todas las obras fueron realizadas sin que nadie, albañiles o ayudantes, cobraran un peso por su trabajo, terminado en 1791.

El sello particular de esta pequeña capilla, joya arquitectónica del estilo barroco, es su forma pues es la única de base circular, o céntrica, que, levantada en aquella época, se conserva en nuestro país. Esta característica permite que el visitante perciba el espacio poco a poco, como si éste se escondiera  o, mejor dicho, como si se fuese descubriendo al paso del observador.

El movimiento que le imprime a la cúpula la decoración en zigzag, lo mismo que las líneas multiformes utilizadas en las ventanas, contribuye a crear esta atmósfera de movimiento.

Es interesante hacer notar que todos los símbolos que cargan los angelitos pintados en la cúpula, son los símbolos marianos que aparecen en la Letanía Lauretana, parte final del rezo del Rosario: “espejo de virtudes”, “torre de David”, “estrella de la mañana”, etc.

Otro elemento de la decoración que vale la pena observar es el Juan Diego que sostiene el púlpito de madera.

  

Capilla del Cerrito

La tradición guadalupana nos transmite que en la punta del cerro del Tepeyac fue donde Juan Diego tomó las rosas para mostrarlas al obispo Zumárraga como prueba de las apariciones de la Siempre Santa María de Virgen de Guadalupe.

Sin embargo, no se levantó una capilla en este lugar sino hasta 1666, cuando un panadero y su mujer: Cristóbal de Aguirre y Teresa Pelegrina, pagaron la construcción de una iglesia pequeña.

Esta resultaba insuficiente para la cantidad de peregrinos que querían conocer el lugar milagroso, por lo que en 1749 se construyó una nueva de mayores dimensiones.

En aquella ocasión, la capilla se dedicó a san Miguel Arcángel, custodio de María, para que desde las alturas protegiera a la Guadalupana, presente en la iglesia colegial.

La fachada de la iglesia, sin embargo, permaneció inconclusa hasta 1950, razón por la que es ese año el que puede observarse en el lado derecho.

En ese mismo año, el pintor Fernando Leal concluyó los murales que pintara con la técnica del fresco en el interior de la capilla. Este artista mexicano, cofundador del movimiento del muralismo, rescató en su obra los momentos más significativos de la historia de las apariciones en una obra que podríamos catalogar como única dentro del arte del siglo XX.

Además de la capilla en sí misma y de sus pinturas interiores, subir al “cerrito” bien vale la pena por la hermosa vista de la ciudad de México.

En el atrio es posible apreciar los cuatro ángeles que realizó el escultor Ernesto R. Tamariz en mármol, y la “cruz del apostolado”, colocada el 12 de octubre de 1895 a devoción de la sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida.

En el costado oriente de la capilla, está adosado un convento de religiosas carmelitas.

 

 

Cementerio del Tepeyac

Este cementerio se encuentra ubicado en la cima del cerrro del Tepeyac en su lado poniente, extendiendose hasta la parte trasera del cerro, al lado de la capilla del Cerrito.

En este cementerio descansan los restos de varios personajes de la historia de México como son: Manuel María ContrerasRafael LucioGabriel ManceraAntonio Martínez de CastroErnesto ElorduyPonciano Diaz, la familia Chimalpopoca (emparentada con Cuauhtémoc), el ex presiente de México, Antonio Lopez de Santa Anna y su esposa Dolores Tosta.

Otros puntos de interés:

Además de las anteriores, también es posible visitar las instalaciones de investigación donde se puede consultar el Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe, que es una colección de documentos principalmente novohispanos, divididos en tres ramos: Clavería, Parroquia y Secretaría Particular.

También resguarda el Archivo y Biblioteca Musical, con partituras de 131 autores mexicanos, 77 italianos, 23 españoles y de otras nacionalidades. Dentro del conjunto se encuentra la Biblioteca Teológica Lorenzo Boturini, compuesta por más de 17 mil títulos.

Es también de carácter obligatorio hacer una visita al Museo de la Basílica de Guadalupe, inaugurado en 1941 y el que alberga una importante colección de arte novohispano compuesta por 1500 piezas entre pinturas, esculturas, joyería, orfebrería y otras. Posee obras de los pintores más importantes de la Nueva España destacando las de Cristóbal de Villalpando y Miguel Cabrera. Su vestíbulo tiene ex-votos dedicados a la Vírgen de Guadalupe y es espacio para exposiciones temporales.

Lamentablemente, es estricta la prohibición de tomar fotografías al interior del recinto del museo, cuestión desafortunada para el visitante, pues hay verdaderas joyas artísticas en forma de esculturas, pinturas, mobiliario, etc.

Para finalizar, debo mencionar el carrillón o campanario de la Basílica, pues además de su función inherente, muestra la hora y, lo más llamativo, una representación de la historia de las apariciones de la virgen a Juan Diego.

 

Ya ahora sí para concluir, un hecho curioso respecto a uno de los milagros de la Virgen de Guadalupe:

El presidente de la Real Federación de Futbol, Ángel María Villar, pidió en la Basílica a la Virgen de Guadalupe, que la selección de su país resultara triunfadora en la justa mundialista de soccer realizada en Sudáfrica en 2010. Ante el resultado favorable, la copa del mundo viajó y fue presentada ante la virgen, como muestra de agradecimiento por el milagro cumplido. Nota completa aquí.

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Luis I. Sánchez
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